"La historia es un plomo porque se sigue viendo como algo del pasado"

ENRIQUE MANSON
PUBLICADO EN EL DIARIO PRIMERA EDICIÓN DE MISIONES
20/09 01:21
Con una charla sobre cultura y política, precisa y lúcida, el historiador puso bajo la lupa dogmas y personajes "sagrados" de la historia continental de ayer y hoy.


Para el historiador Enrique Manson, situado en una ala clave del revisionismo en Argentina, el que se teje en los bordes, en los desvíos y fuera de los dogmas sagrados, la historia es bastante “barroca”. Tiene varios planos.

“En algunos hemos sido felices, en otros fuimos sujetos de la tragedia, pero hay que convencerse de una cosa”, dice el discípulo de José María Rosa, uno de los historiadores más representativos del revisionismo histórico en este país.

“La historia no es algo del pasado, sino que empezó antes y sigue. Si hubo algo que empezó antes y ahora ya no existe más, no es verdadera historia. Para hacer entender este concepto yo suelo comparar la llegada de los vikingos a las tierras del Norte en el año 1000 y la de Colón a América Insular en 1492. Más allá de que los indigenistas se enojen, gracias a la llegada de Colón tenemos esta cultura, que no es mejor ni peor, es nuestra. Nosotros somos consecuencia de esa historia y estamos construyendo el futuro. El hecho de que los vikingos tocaron estas tierras y se fueron, no es histórico, sino que es casi una anécdota. Si la historia fuera pasado y sólo estuviéramos mirando lo que pasó, seríamos unos nostálgicos lamentables porque estaríamos viviendo en una ensoñación”, aseveró crítico.

Esta visita fue la cuarta de Manson, quien estuvo en Posadas invitado a dictar una conferencia para la Diplomatura en Historia de la Unam. Su propuesta, como siempre, fue brindar herramientas para pensar críticamente la historiografía dominante en el sistema cultural, educativo y comunicacional argentino, en su proyección con el resto los países latinoamericanos.

“Una temática que me apasiona y que a la vez trato de manejar con cuidado para no herir susceptibilidades, es la independencia de la República Oriental del Uruguay. Si bien fue obra de un personaje siniestro como Lord John Ponsonby, que fue quien intermedió entre Argentina y Brasil, son cosas que se han dado así en la historia. Siempre opino que hay que mirar para adelante de tal manera que esa separación dada en el Río de la Plata se reconstruya en la medida que nuestros gobiernos avancen en la ansiada integración continental”.

En Misiones, aunque empiezan a dar frutos los años de “sembrar” en investigación sobre historia regional, realizado por algunos estudiosos locales, aun persiste en los libros la visión porteñista. ¿Qué opina usted sobre la construcción de la identidad en los pueblos del interior?

Pensando en Misiones y su historia, se la muestra en una guerra permanente con los bandeirantes del sur de Brasil. Tuve el privilegio de conocer a historiadores de esta región, quienes me ayudaron a salir de la visión porteñista de la historia. Pude descubrir una batalla de Mbororé y que hubo algo más que la antipatía de los guaraníes hacia los bandeirantes brasileños. Sin renegar de ese pasado, que ha sido de durísimos enfrentamientos, a pesar de ya que no ha sido de una sola guerra argentino-brasileña, a pesar de la Batalla de Caseros, a pesar de lo que yo llamo la Guerra de “Triple Infamia”, hoy estamos viendo algo tan feliz como es el encuentro sincero y honesto entre nuestro país y el vecino, que son la base de la construcción de nuestra patria del futuro, porque no hay Argentina imaginable sin una Nación Continental que incluya a todos.

Hace tres días tuve la posibilidad de charlar con Lula en el pueblo (José C. Paz) donde yo trabajo y pude disfrutar de Lula y de lo que significa su presencia en el camino de la unidad. Entonces, vuelvo a los tiempos de la batalla, a los de la Liga de los Pueblos Libres, a los de Gervasio Artigas, pero tomando ese pasado y este presente como una unidad.

Tenemos una historia que tiene dolores, sucesos muy violentos y crueles y tiene en sí enfrentamientos absolutamente legítimos de defensa de los guaraníes que eran llevados como esclavos al Brasil, pero no dejo de pensar en el Bandeirantes, que era el producto de un sometimiento al mercantilista portugués que era el dueño exclusivo de las factorías de la costa brasileña. Obviamente que la caza de esclavos no es una cosa que nosotros alentaríamos pero era la vida que les tocó a ellos. Entonces, bueno esto fue el pasado, hoy estamos construyendo otra cosa, que esperamos que sea mejor.

Por más revisionista que sea la corriente pensadora, la objetividad ¿siempre será inalcanzable?

Es un disparate pensar que uno puede ver o pensar la historia con objetividad, cuando no se puede ver ni la actualidad con objetividad. La vemos desde nuestros sentimientos y nuestras pasiones. Desde ahí, por ejemplo, yo creo que lo ocurrido en los últimos doce años de gobierno, vistos después de lo ocurrido antes, después de un país que estaba al borde de un abismo y cuando se hablaba hasta de la independencia de la Patagonia, o de contratar a un equipo de técnicos que nos vinieran a gobernar, porque nosotros éramos incapaces de hacerlo, donde había una desintegración que se expresaba en una frase delirante de los jóvenes de los ‘90 que se planteaban “hacé la tuya”, una expresión del máximo egoísmo. A mí personalmente me parece que estamos viviendo una situación
absolutamente distinta. Los años ‘90 me hacían pensar que era imposible pensar en ver a una Argentina recuperada y ahora veo a un país que sale de una situación de casi desintegración que reconstruye su productividad social, con derechos humanos ganados, como por ejemplo el matrimonio igualitario eran muy difíciles de pensar en los ‘80 y ‘90, con lo cual estamos ante una recuperación de derechos que antes ni sabíamos que podían ser posibles, porque directamente no se planteaban.

En poco más de un mes los argentinos estaremos volviendo a las urnas y daremos otro paso que quedará en la historia. ¿Qué le queda a usted sobre los acontecimientos en estos 33 años de democracia?

Me parece aplaudible que estemos a un paso de un nuevo hecho histórico (por las elecciones de octubre próximo), que se siga avanzando para conquistar más derechos, pero pido que no borremos los conseguidos hasta ahora. Estamos en un contexto de inminente cambio de figuras en el Gobierno nacional, que está bueno porque hay un agotamiento de figuras que necesitan etapas de pausa y de recuperación. Es un desafío que nos hará avanzar.

¿Qué historia estaremos contando o leyendo en los libros los argentinos de las generaciones futuras?

Cuando pasen 200 años seguramente seguiremos discutiendo algunos temas que seguirán permaneciendo “vivos”, desde la corriente revisionista, donde tengo mi posición tomada pienso que el papel de las figuras sagradas y del bronce sugerirán siendo discutidas.

No obstante, vuelvo a insistir con que es muy importante encontrar caminos para un reencuentro del pueblo con su identidad teórica, que va a lograr recuperar el interés del pueblo por la historia.

¿Por qué la historia no le interesa a la mayoría? Porque es un plomo, es un ladrillo. Porque por ahora sigue vigente una serie de dogmas donde los personajes son sagrados y no se los debe ver así, porque no tienen nada de sagrado simplemente fueron hombres y mujeres con aciertos y errores.

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