EL GRINGO DARWIN Y LA VINCHUCA MAZORQUERA


Triacoma federalis

Durante el siglo XIX se produjo un gran avance de las ciencias relacionadas con los orígenes del mundo y de la vida humana y animal. Sabido es el papel que Charles Darwin desempeñó en este terreno y es también conocido el viaje del autor de Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida que lo llevó, en una de sus etapas, a nuestra Patagonia, ¡justo en el momento en que Juan Manuel de Rosas encabezaba su expedición que lo llevaría a los llamados desiertos del Sud!


Chivato pseudo científico inglés

Darwin llegó al campamento del Restaurador, a quien conoció personalmente, y estudió cuidadosamente flora y fauna de la región. Su curiosidad científica lo llevaría a detenerse en el conocimiento de los bárbaros primitivos que habitaban aquellos desiertos. Tanto los que hablaban el mapudungun mapuche, como los no menos bárbaros que se comunicaban en la forma criolla de la lengua llegada de la lejana España. Sobre unos y otros habrá puesto su imaginario microscopio británico.
Pero el Restaurador era hombre desconfiado, y Don Charles no era el primer hijo de la rubia Albión que ponía sus ojos –con pretexto científicos o comerciales- sobre estas tierras. Poco tardó en comprender que, como los Robertson que décadas atrás habían acertado a encontrarse con el mismísimo San Martín en momentos de triunfo en los que la euforia quebraba la prudencia, daban jugosas informaciones que interesaban a la cancillería británica, el científico que se le había acercado era uno más de los espías que Londres hacía recorrer el mundo con intenciones de conquista.
Don Juan Manuel, no menos astuto que suspicaz, aprovechó la curiosidad del científico para eliminar al espía. Darwin había descubierto un especimen ignorado en Inglaterra, el triacoma infestans, al que el pueblo conoce como vinchuca. Este insecto hematófago ganó el corazón del sabio (en sentidos diversos)
que quiso llevárselo a Gran Bretaña. Pero ¿cómo transportar con vida a través del ancho mar al pequeño bichito? Había que alimentarlo, y que mejor que hacerlo con la sangre del propio Darwin.


Amigas de Darwin.

Así, se encerró con la vinchuca en su camarote y a las horas correspondientes lo colocaba tiernamente sobre su brazo para que, leve picadura mediante, el triacoma se alimentara con la sangre del científico. Lo que este no sabía es que su nueva amiga era una fanática militante de la Mazorca, con gorro de manga y cintillo punzó incluído, y que el Tirano de Buenos Aires lo había provisto de una carga letal de tripanosoma cruzi –no menos federales que su portador- que depositaba en la misma herida, porque Darwin había averiguado como se alimentaba, pero no que una vez satisfecha, la vinchuca excretaba los tripanosomas y los depositaba en la misma herida por la que se había alimentado.
Y así fue que el agente británico se murió de una enfermedad tan sudamericana como el mal de Chagas-Maza.

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